Por Santiago Fucík
La revista digital Espartaco, publicó en enero “Réplicas de fascismo”. En donde, ante la emergencia de fenómenos como Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos, el Frente Nacional en Francia, Vox en el Estado Español, entre otros, problematizan la posibilidad de una alternativa de ultraderecha en Argentina, ahora que estamos cerca de las elecciones. ¿Estaremos al borde de una batalla entre un campo faccioso y otro democrático? ¿O vivimos la crisis que renueva la crítica de las masas al sistema?
Vale la pena aclarar primero, el
fascismo si lo tomamos como forma de definir los procesos que se desataron en Europa
desde la década del ´20, tuvieron como antesala profundas depresiones
económicas que duraron años. Además de las consecuencias sociales de la Primera
Guerra Mundial (1914 – 1918). Y tuvo como base organizativa a las clases medias
empobrecidas a las que dirigió contra el movimiento obrero organizado.
Decía León Trotsky, respecto del
fascismo en Italia; “fue un movimiento
espontáneo de grandes masas, con nuevos dirigentes surgidos de la base. Es de
origen plebeyo y está dirigido y financiado por las grandes potencias
capitalistas. Se formó en la pequeña burguesía, en el lumpen-proletariado y
hasta cierto punto también en las masas proletarias; Mussolini, un ex
socialista, es un "self-made man” producto de este movimiento.”
Si bien es cierto, que existe en
todas estas expresiones modernas un “espíritu” común con el fascismo, que apela
al imaginario más reaccionario de la sociedad civil. La xenofobia, el odio a la
comunidad LGTBIQ, la mano dura, el intento de relegitimar las fuerzas armadas,
entre otros. Revisten, como dice el autor, diferencias entre ellos. No es lo
mismo el “América First” de Donald Trump y sus intentos de llevar adelante un
programa proteccionista de la economía nacional (en abierta contradicción con
su posición de imperialismo hegemón,
la dinámica de la globalización en crisis y con su propio partido), que los
proyectos del ministro de economía de Brasil, que apuntan a un programa
neoliberal, con contrarreformas en jubilación, trabajo y el pasaje a manos
privadas de las empresas estatales, que devendrá en una agudización de la
dependencia de la economía del gigante del Sur, de las potencias imperialistas.
Y más que entre ellos, resultan
agudas las diferencias de estos modernos “fascismos”, con los que ya padeció el
mundo. Empezando por el hecho de que la crisis económica a la que hoy
asistimos, no ha llegado aún a lo que fue el mundo durante el periodo de entre
guerras. Tampoco existe hoy la amenaza del comunismo, como existió cuando
prácticamente en la mitad del mundo había Estados Obreros (dirigidos desde ya,
por la élite burocrática de los partidos comunistas, pero de todos modos una
amenaza en tanto habían expropiado a los grandes privados). El fascismo,
emprendió una auténtica revolución pasiva, esto es una
revolución-contrarrevolución, en donde prima la segunda y a pesar de que no
cambió el contenido social del Estado Burgués (más bien se dedicó a salvarlo),
cambió radicalmente la dinámica de la hegemonía dentro de las fronteras
nacionales y el régimen político de conjunto.
Los “Fasci de Combattimento” como
organización política y los sindicatos directamente enlazados al Estado, fueron
los pilares de un modelo corporativista con función social, en donde las clases
medias sobre todo, pero también buena parte del conjunto de clases subalternas
que integraron estos organismos, tomaron un rol activo en defensa del modelo,
atacando a todo lo que pueda representar un peligro, sean los comunistas o todo
aquel que se oponga. Produciendo, mediante las grandes organizaciones de masas un
acercamiento y una identificación entre la sociedad civil y la política. Y esto
pudieron hacerlo mediante reformas en lo social que permitieron una mejora en
la calidad de vida de las mayorías, ganándolas. Las dictaduras del cono sur, en
cambio, no le rozaron los talones a Mussolini o a Hitler en cuanto a apoyo
popular, cuestión que era imposible partiendo del hecho de que las políticas
neoliberales pauperizaron la vida y no existe hegemonía posible sin base
económica que la sustente. Y a diferencia del fascismo europeo, que movilizó
amplias porciones de los sectores populares en torno a sus demandas y en cierto
sentido las hizo parte del Estado, en América Latina fueron brutales y simple
golpes palaciegos, dedicados a agudizar la dependencia y el atraso de las
economías.
En el mundo de la Crisis Orgánica
Algo que plantea muy bien el autor
de la nota es la perdida de la capacidad de representación de los partidos
tradicionales en el mundo. Lo que brinda espacio a las ultraderechas para hacer
su juego y mostrarse como fenómenos disruptivos, ganando electorado por su
fraseología que puede parecer antisistema en un punto, mientras la “izquierda”
latinoamericana queda enredada dentro de los marcos de la democracia y sus
candidatos, como Lula, proscriptos y en prisión. Argumenta que los motivos para
el colapso de la representatividad se debe a la “crítica a la élite política por poco moderna, corrupta, y la crítica
en tanto reproductora del establishment económico”, sumando la aplicación
de planes neoliberales y de ajuste incluso por parte del PT con Dilma, que
generaron repudio en sectores de masas.
Es cierto lo que dice el autor,
pero la situación actual amerita un análisis más profundo. Vivimos en un periodo en el cual importantes
economías se desaceleran en Europa y Asia y se producen recesiones en grandes
economías regionales como la Argentina. Está claro que el sistema capitalista y
la globalización están llegando a un punto límite y las burguesías, junto con
sus agentes políticos (de izquierda y de derecha tradicionales) no encuentran
alternativa. Sencillamente porque como dijo hace mucho tiempo Karl Marx, el
capitalismo tiene dos formas de perpetuarse; la conquista de nuevos mercados,
junto con la sobreexplotación de los existentes y la guerra, para destruir y
reconstruir luego las economías destruidas, si no encuentra donde extenderse.
Como hizo con las dos Guerras Mundiales.
Estamos en los límites de lo que
los pensadores y militantes marxistas, Matías Maiello y Emilio Albamonte,
llamaron “Restauración Burguesa”. En donde el sistema conquisto sobrevida,
mediante la extensión de las relaciones de producción capitalistas por sobre
los territorios sustraídos de las leyes del capital, los ex Estados Obreros en
la década del ’90 y el desmantelamiento de los Estado de Bienestar, mediante la
avanzada neoliberal. Oficiando de “mini-guerra”, que abrió un periodo de
estabilidad relativa, mediante el crecimiento (débil) de las economías. Periodo
que se agotó con la caída de Lehman Brothers en el 2008 y el salvataje a los
bancos por parte de los Estados de Europa, que evitaron el “crack” (no sin
crear nuevos pobres por doquier), pateando la crisis sistémica a un futuro
inmediatamente cercano.
En ese ínterin, que Antonio Gramsci
denominó de “Crisis Orgánica”, nos encontramos hoy. Y es en el cual surgen
estos fenómenos de ultraderecha en distintos puntos del mundo, que más allá del
amargo sabor que nos dejan en la boca, tienen en común una enorme dificultad
para conquistar hegemonía y realizar su proyectos. Estos fenómenos de derecha
surgen en paralelo con fenómenos progresivos, como #EleNao en Brasil, el
movimiento de mujeres en prácticamente todo el mundo, la emergencia de los Gilets de Jaunes, entre otros. Fenómenos
que comparten la oposición a las reformas antipopulares. Y es en base a la
dificultad de conquistar consenso (devenido de la imposibilidad del momento
económico para hacer concesiones a las masas) y como reacción a estos
fenómenos, que Bolsonaro se apoya sobre el brazo militar del Brasil y el poder
judicial, al igual que lo hace Trump. Muy distintos al fascismo clásico, que
como dijimos movilizaba masas, es que preferimos llamarlos cesarismos o bonapartismos.
Gramsci los caracterizaba como una
especie de “(…) “solución "arbitraria", confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política
caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectiva catastrófica
(…)” y en los países con
economías atrasadas y dependientes, como las nuestras, en donde el capital
extranjero juega un rol decisivo, caracterizaba Trotsky que el gobierno “(…)
Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede
gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y
sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o
maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando
de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los
capitalistas extranjeros.”. En el caso de Bolsonaro se asemeja a lo
primero, no llegando aún a transformar a Brasil en un dictadura policial, pero
si convirtiendo al régimen en una “Democracia Degradada” con todas las letras.
En donde se suprimen derechos como la imposibilidad de poder votar al candidato
con mayor intención de voto, mediante el fallo de una justicia de clase que
cada vez interviene más en la política, la identificación con la ultraderecha y
aporte de recursos para esta por parte de la Iglesia evangélica, la persecución
y vulneración de los derechos adquiridos de la comunidad LGTBIQ, asesinatos de
opositores por parte de grupos adeptos como con Marielle Franco y la militarización
de las favelas. Es decir, una democracia que se sale de su marco jurídico
clásico para intentar salvar al capital, con salidas aún no de fuerza, pero si
reaccionarias.
De la perdida de los valores
democráticos a la crítica sistémica
El autor
de “Replicas del Fascismo”, dice que el problema central es la perdida
de los valores democráticos en amplias porciones de la sociedad civil, devenido
de la imposibilidad de las “izquierdas” de interpelar a la población con
proyectos que entusiasmen. Acordamos con
lo segundo, sobre todo teniendo en cuenta que han sido gobierno durante décadas
de crecimiento en América Latina y no se han corrido un centímetro de la
democracia burguesa. ¿Qué podemos esperar entonces de estas “izquierdas” en
tiempos de crisis? Es lógico que la ciudadanía no confié en ellas y es un hecho
que la ausencia de medidas que busquen superar al capitalismo y la conservación
de las clásicas relaciones de explotación, hayan hecho de estas “izquierdas” en
crisis, un trampolín para las ultraderechas, que prometen en un sentido
reaccionario modificar algunos aspectos del régimen político en favor de las
minorías de siempre.
Entonces
el autor resalta como experiencias positivas el gobierno de López Obrador en México
y la figura de Jeremy Corbin. Y encomienda a estas mismas izquierdas
progresistas que fallaron en realizar reformas estructurales en la década
pasada y que continúan haciéndolo, como Syriza en Grecia que devino en un
gobierno de gestión de la crisis o el propio López Obrador que enfrenta la
lucha obrera de Matamoros, a que venzan electoralmente a las alternativas de
derechas, acaudillando detrás todos los movimientos progresivos que vienen
surgiendo. Algo así como una batalla entre los campos democráticos y
progresistas, contra los facciosos.
Opinamos
que el autor se equivoca al considerar que la crítica de la masa está dirigida
a la democracia en sí misma. De hecho, es incorrecto hablar de democracia en
sí, esta es un régimen político, como pueden serlo las democracias degradadas y
los viejos fascismos. Pero el contenido común en todos estos es la reproducción
de las relaciones de explotación capitalista.
El hecho
de que el 51% de los jóvenes de entre 19 y 21 años en Estados Unidos, tengan
una visión positiva del socialismo, que el DSA (Democratic Socialist of
America) tenga 50.000 militantes, demuestra que hay un fenómeno que va más allá
y critica las condiciones materiales de existencia, más allá de que aún no
hayan superado el programa democrático del DSA o de Sanders. Y no es menor que
The Economist, haya puesto en su tapa “The Rise Of Millenial Socialism” o que
Donald Trump haya tenido que salir a decir que Estados Unidos nunca será
socialista. A esto se le suma que en Rusia, figuras como Lenin tengan un
importante grado de aceptación y que Putin esté intentando aggiornar a
la historia oficial a Trotsky, con su serie lanzada por la plataforma en
Netflix y que ya ha sido criticada por numerosos intelectuales y personalidades
de la izquierda, siendo trending topic #trotskyversusnetflix en varias
redes sociales. Hay que sumar al Frente de Izquierda y de los Trabajadores en
Argentina, que expande su popularidad a través de reconocidas figuras como
Myriam Bregman, Nicolás del Caño y Néstor Pitrola, rebasando el millón de votos
de personas que eligen una alternativa con independencia de clase, en las
elecciones anteriores.
La
juventud que no vivió el fracaso del llamado “socialismo real” y los gobiernos
de corte progresista en su mejor momento, todo lo contrario los padecen hoy, no
le debe nada a ninguna forma de gobierno burgués. Revitalizan las ideas de la
izquierda y se acercan a alternativas más radicales.
Habrá
que esperar para ver hacía donde va la crisis orgánica y si se constituyen verdaderos
fascismos o si esta juventud termina de revitalizar las ideas de la izquierda,
poniendo en pie nuevos partidos marxistas. Hay que evitar caer en la trampa de
que existen bandos progresistas y facciosos. Evitando encolumnar, como propone
el autor, a estas nuevas subjetividades detrás del progresismo barato y pasado
de moda, que solo nos traerán nuevas decepciones.
Videla,
Juan. (18/01/2019). Revista Espartaco; Replicas de Fascismo; Disponible en; http://www.espartacorevista.com/nota.php?id=705
Trotsky,
León. (15/11/1930). CEIP León Trotsky; ¿Qué es el Fascismo?; Disponible en; http://www.ceip.org.ar/Que-es-el-fascismo
Dal Maso,
Juan. (10/11/2017). Ideas de Izquierda; Gramsci: del Estado Integral al
“parlamentarismo negro”; Disponible en; http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/gramsci-del-estado-integral-al-parlamentarismo-negro/
Dal Maso,
Juan. (28/08/2008). Partido de los Trabajadores Socialistas; Trotsky y
la revolución latinoamericana; Disponible en; http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/gramsci-del-estado-integral-al-parlamentarismo-negro/
Albamonte,
Emilio & Maiello, Matías (26/02/2011). Estrategia Internacional; En los
límites de la “Restauración Burguesa”; Disponible en; http://www.estrategiainternacional.org/En-los-limites-de-la-restauracion-burguesa?lang=es
The Economist (14/02/2019); The Resurgent
Left, “Milennial Socialism”; Disponible en; https://www.economist.com/leaders/2019/02/14/millennial-socialism

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